Capítulo 3: Resilencia
El verbo “resilencia” no estaba dentro de mi vocabulario cuando todo era “normal”. Pensarás… ¿por qué entre comillo “normal”?. La respuesta es: “¿Que es para ti lo “normal”?.
En esta nueva etapa, me cuestiono todo. Como narro en el prologo de El Silencio de Apodera de Mí : “La curiosidad mató al gato” .
Me lo cuestiono por el simple motivo de poder ver la vida desde otra prisma diferente al que estamos acostumbrados. Mi vida cambió y nadie podía liderar este cambio, bueno… si, una; yo.
Ser resiliente, ¿qué es eso?, ¿qué debo hacer?, ¿en que consiste?, tantas preguntas aparecieron en mi cabeza aquel día que Laura, mi nueva profesora de ballet clásico, lo expuso en su speech motivacional después de mi primera clase de nivel.
Dudosa de mi, empujada por la insistencia de mi misma a hacer el check en la lista de los retos conseguidos, no me fustigaba en lo bien o mal que lo había hecho. Me quedé bloqueada en aquel nuevo verbo.
A pesar de buscarlo en Google al salir de clase, releerlo nuevamente en cada descanso en la universidad o simplemente tomando un café, no supe lo que significaba hasta que acepte volver a bailar.
Daba igual la técnica, la flexibilidad, la tenacidad, lo melómana que era. Todo tuvo que cambiar y comenzar de cero. Ahí, y solo ahí entendí lo que es ser resiliente. “Caer y volverse a levantar sin prejuicios. Dándose mucho cariño. Respetando los tiempos de una de sincronización de un cuerpo feroz y un implante coclear aturdido.
Desistir era la salida más fácil y no puedo negar que la más deseada, sin embargo, iría en contra de mis nuevos principios creados en esas cuatro paredes con Nuria, mi logopeda, reaprendiendo de nuevo a oir.
No pares hasta conseguirlo
yo